Lo que “Wall Street” nos enseña sobre world-building

wall460

Una de las cosas más difíciles, y sin embargo más vitales de la llamada “ficción especulativa” es la construcción de mundos (innecesariamente llamada “world building”), y curiosamente es donde también se estrellan muchas obras que agobian al lector con mitología e información prácticamente desde el principio. Uno de los mejores ejemplos que se me ocurren de como se deben hacer las cosas proviene de una película que ni siquiera pertenece al género fantástico. Hablo de la cinta Wall Street (1987), de Oliver Stone, la cual volví a ver hoy después de muchísimo tiempo y me ha hecho pensar en seguida en algo que quiero compartir.

No tengo ningún problema en decir que Wall Street no me parece la mejor película de Oliver Stone, ni siquiera una de las diez mejores. Tiene muchos problemas, siendo el principal que su mensaje es demasiado obvio incluso para los estándares de un director que nunca ha sido lo que se dice un experto en sutilezas (hay una escena en la que Michael Douglas echa un discurso con el que nos da bien masticadistos todos los temas de la película). Pero hay una cosa en la que acierta al cien por cien: su recreación del mundo de los brokers y su subordinación a la historia que Stone desea contar.

Lo que quiero decir con esto es lo siguiente: yo no tengo ni idea de lo que hace un broker, no sé absolutamente nada sobre el mercado de valores ni sobre el mundo de la especulación financiera, y creo que al menos el noventa por ciento de los términos y la jerga que se maneja en esta película son un misterio para mí… pero eso no me impide seguir la historia. Esto ocurre porque el mundo de estos depredadores financieros es sólo el trasfondo de una historia que habla sobre temas mucho más básicos y universales: la codicia, la ambición desmedida, la falta de lealtad y la deshumanización de alguien que decide que su valor sólo puede ser medido por su éxito material. Al final es esto lo que trasciende, y todo el mundo en el que se desarrolla la acción es sólo un telón de fondo y en eso se queda, por mucho que constantemente se esté hablando en un lenguaje desconocido. Al final, todas las referencias técnicas del guión son sólo florituras que no entorpecen la trama ni su disfrute, y en ese sentido me parece una obra maestra y una lección que muchos creadores de mundos ficticios deberían aprender.

#LeoAutorasOct

befunky-collage

A estas alturas muchos de ustedes probablemente hayan leído algo acerca de #LeoAutorasOct, una reciente inciativa nacida en Twitter para dar una mayor visibilidad a autoras femeninas (valga la redundancia) durante el mes de octubre, para de esa forma equilibrar un poco la balanza en un universo editorial que tiende a dejar de lado a las escritoras, sobre todo (aunque no exclusivamente) en el campo de la literatura fantástica.

Si bien el balance en mi caso personal no es tan catastrófico como pensaba en un principio (pensaba que era menos, pero resulta que aproximadamente un tercio de mis lecturas en los últimos tres años han sido de autoras o antologías en las que las mujeres tenían una nutrida participación), mi porcentaje todavía es mejorable, por lo que he decidido participar, animando por supuesto desde aquí a otros a que hagan lo mismo, no solamente leer libros de autoras femeninas durante el mes de octubre sino también comentarlos y de alguna manera darlos a conocer a través de los medios habituales de los que disponemos. Claro está, yo no soy un titán como Alexander Páez García que se lee diez mil libros al año, así que por mi parte sólo les puedo prometer que durante el mes de octubre leeré (y comentaré) cuatro libros. Intentaré compensar esto centrándome de forma exclusiva en literatura en español, en detrimento de la gran cantidad de autores anglosajones que suelo leer. Los libros que leeré son los siguientes:

  • El sueño de los muertos, de Virginia Pérez de la Puente.
  • La momia y la niñera, de Tamara Romero.
  • Alucinadas 2, segunda antología de relatos de ciencia-ficción escrita por mujeres de la editorial Palabaristas. Por cierto, si no han leído la primera, háganlo ya.
  • El exilio del tiempo, de Ana Teresa Torres. Uno de esos grandes clásicos de la literatura venezolana que por algún inconfesable motivo no he leído todavía.

No he escogido estos libros al azar o únicamente por un afán de “marcar la casilla” de leer a mujeres durante octubre: todos estos son libros que ya me interesaba leer desde antes de saber de esta iniciativa, sólo que he decidido adelantaros en la pila de lectura para este mes y reseñarlos en el blog para darles una mayor visibilidad de lo que originalmente les hubiese dado.

Parece mentira pero todavía en pleno 2016 existen grandes prejuicios en cuanto a la literatura escrita por mujeres (yo mismo confieso haber tenido algunos de ellos durante mi poco glamurosa época de estudiante de Filología hace casi dos décadas). Poco puedo hacer al respecto más que compartir impresiones sobre lecturas que me han gustado, pero esta al menos es una oportunidad para obligarnos a cuestionar nuestros propios gustos y ver hasta que punto ese criterio que creemos tan objetivo no es más que inercia cultural. Sólo eso ya me parece una ganancia.