Anómala (Ronald Delgado, 2013)

Anómala (2013) es el cuarto libro de cuentos de Ronald Delgado, aunque de momento sólo he tenido oportunidad de leer aparte de este los dos anteriores, Réplica (2010) y La tierra del cielo sin sol (2012). Hablar de su último libro se me hace imposible sin mencionar su, tal como lo afirma el prólogo, militancia con la ciencia-ficción, resaltando el detalle de intentar sacar adelante una obra dedicada a este género en medio del ambiente editorial venezolano. Lo sé, es un ángulo bastante banal que no debería importar nada a estas alturas del calendario, pero es mejor sacar ese tema de una vez para poder dejarlo atrás. De hecho, si en algo estoy en desacuerdo con otros escritos que se han hecho acerca de la obra de este escritor es precisamente en la supuesta marca de su venezolanidad que hay en sus escritos. No es este el caso, al menos no en Anómala: aparte del lenguaje y la conjugación verbal, la obra de Ronald Delgado no busca una ciencia-ficción “venezolana” sino que explora temas universales, principalmente la simbiosis entre el hombre y la tecnología. Pero este tema viene dado a partir del individuo, no de la sociedad, por lo que salvo en muy contadas excepciones (como esos primeros dos cuentos especulares ambientados en Japón) sus argumentos podrían estar localizados en cualquier país y daría exactamente lo mismo.

Dicho esto, la sorpresa más agradable con la que me he topado en el libro ha sido su sensación de continuidad temática en la corta pero breve obra de su autor, un fenómeno que en lo personal siempre me ha fascinado y que aquí se explora más que en su libro anterior, La tierra del cielo sin sol, el cual sí era un poco más disperso en cuanto a la temática de sus cuentos. En este libro no ocurre eso, y de hecho el autor pareciera querer dejarlo muy claro a través del uso continuo de un juego de espejos y reversos que enlaza varios de los relatos que componen la antología. Ya hacía mención arriba de Ningyö y Kioko Blue, los dos primeros relatos que cuentan en esencia una misma historia contada desde dos perspectivas diferentes acerca de la robótica japonesa y su tendencia lúdica. Lo mismo ocurre en cierto grado con relatos como D.1.0.S y Anómala, que tocan cada uno a su manera el tema de la realidad aumentada y la necesidad de los usuarios de permanecer en un mundo virtual.

Esto último me lleva quizás a los aspectos que no me han convencido tanto. Mi principal displicencia probablemente tenga que ver con un elemento estilístico que se repite prácticamente en todos los relatos del libro, y es que el autor abandona el cuento justo en el momento en que este parece llegar al principal punto de interés, lo que da cabida a una sensación un tanto anticlimática. Esto detalle, presente como decía en casi todos los relatos, se vuelve más frustrante en aquellos cuyo “desenlace” acarrea consecuencias para la trama un tanto más globales como puede ser el caso de Anómala o D.1.0.S. (que en mi opinión me parece el mejor cuento del libro a excepción de ese título que forma una analogía demasiado obvia). Otro aspecto mejorable, siempre desde mi punto de vista, es cierta tendencia por parte del autor a dar cabida a reflexiones un tanto fáciles en las que la tecnología es vista desde una perspectiva maniquea, como si la voz detrás de los relatos realmente viese en la tecnología un peligro. A veces, debo decir, esta idea es tratada de forma muy digna, pero en ocasiones me ha chirríado un poco; en Anómala, por ejemplo, se llama a los libros en papel como “libros de verdad”, lo cual resulta paradójico teniendo en cuenta que la antología se ha editado en formato electrónico.

Pero en realidad estas son quejas menores. No sé si Anómala será el mejor libro de relatos de Ronald Delgado hasta la fecha, pero sí me ha parecido el más ambicioso y el más centrado en los temas que a juzgar por su obra anterior le apasionan: la inteligencia artificial, la preferencia de lo virtual por lo real y el en ocasiones alienante poder de la tecnología. Pienso al leer varios relatos en la fantástica exploración que el autor ha venido haciendo de estos temas y me pregunto (no sin cierto dejo de culpabilidad por la presión que esto pueda significar) cuánto tardará en darnos una novela en la que alguno de estos temas sea llevado hasta sus últimas consecuencias. 

Comenzamos con buen pie

Tengo la creencia (irracional, valga decir) que los años impares suelen ser mejor que los pares. El 2013 comienza con un buen motivo para creerlo, ya que después de darle vueltas al asunto durante mucho tiempo nos hemos lanzado de cabeza a la piscina de la autoedición y el resultado es el que estáis viendo arriba; poco más de cuatro meses después de haberlo lanzado en Kindle, nuestro libro de relatos Damas, bestias y otras sale en papel. De momento los canales de distribución son pocos pero muy efectivos ya que el libro está disponible en Amazon a partir de hoy

Siempre se dice que no hay que juzgar un libro por su cubierta, pero en este caso espero sinceramente que no sea así, porque la gente que hay detrás de lo que estáis viendo encima de estas líneas merece todos los elogios posibles. La foto, como ya comentábamos una vez, es del titán Roberto Conte, quien tuvo el  de gran gesto de cedérnosla ya desde los tiempos de la primera publicación electrónica. En cuanto al diseño y maquetación, el responsable es Carlos García, quien además es uno de los nuestros, con todo lo que eso conlleva. 

Así que ojo, que desde aquí (y desde todo el resto de nuestra presencia internetera) seguiremos dando la lata durante un tiempo.

La sorpresa

Si andaban por ahí preguntándose cual era la sorpresa por la cual hemos estado pronosticando durante las últimas semanas, aquí la tienen. El fin de semana termina de la mejor forma posible, con la salida de nuestro segundo libro: Damas, bestias y otras, que está disponible desde ya en Kindle. Confieso que el principal  motivo por el que esta antología de relatos ha visto la luz es para terminar de probar de una buena vez el tema de la autopublicación en formato electrónico, así que los fetichistas del papel de momento se quedarán con las ganas. Lo siento, ya me gustaría que fuera de otra forma, pero mientras la segunda parte de Dragún va creciendo palabra por palabra, no se me ocurre una mejor manera de darle finalmente salida a estos nueve relatos que tenía en el tintero literalmente desde hacía años (los cuentos del libro están fechados entre 1996 y 2010, así que ya me dirán). 

Y por si se lo están preguntando (espero que sí), la verdad es que no todos los cuentos incluídos en la antología son de corte fantástico, aunque todos ellos siguen la pauta que de momento me he impuesto a mí mismo y es la de priorizar el argumento por encima de todas las cosas. Así que nada, ya es tarde para echarse atrás, la criatura ha sido liberada y a partir de este momento no queda más remedio que ver desde la barrera como es recibida. En el peor de los casos, habrá pagado la novatada con el tema de la autopublicación y dejaré en evidencia mis escasos conocimientos de HTML y de edición de libros electrónicos. 

Eso me recuerda: hay un pequeño error de formato que no he sido capaz de corregir (todavía) pero que únicamente afecta a aquellos que leen el libro en un Kindle normal, y es que por algún motivo que desconozco el sistema deja sangría en el primer párrafo de forma automática, cosa que yo en ningún momento le indiqué. Pero insisto, sólo lo hace en el Kindle normal; en el DX, Touch o Fire, así como en las aplicaciones para otros dispositivos este problema se corrige solo. 

De momento Damas, bestias y otras sólo está disponible en el Kindle de Amazon, aunque en los siguientes meses tengo pensado darle otras salidas siempre en formato electrónico. ¿Y en papel? Bueno,   espero que eso se haga realidad lo antes posible. En cualquier caso, recuerden que si no tienen un Kindle siempre se pueden descargar gratuitamente la aplicación para PC, Mac, iPad, iPhone o Android, que va bastante bien. 

Así que nada. Sólo queda decir una cosa: 

Here we go again.

Postdata 1: una cosa, la foto de la portada es obra de Roberto Conte, un espectacular fotógrafo que nos la cedió generosamente. Desde aquí les invito a todos a que se pasen por su web y flipen.
Postdata 2: esta nueva semana comienza también de una forma inmejorable con el anuncio del esperadísimo regreso de M.E.T.A. Pronto en vuestras manos y en vuestros cerebros. Aquí vamos con todo.

Tres versiones de Blancanieves

En la primera de una serie de entradas que tocan el género de fantasía en la literatura y el cine, pensé que sería una buena idea dejar por escrito un par de ideas acerca de tres versiones cinematográficas de Blancanieves y los siete enanos que he tenido la oportunidad de ver en los últimos meses. El motivo de esto no es sólo la coincidencia temporal sino también el hecho de que las tres versiones intentan alejarse, cada una a su manera, de lo que es el relato original y la forma como normalmente se ha llevado a la pantalla. 
La primera de estas películas es Blancanieves: la verdadera historia (Snow White: A Tale of Terror, 1997), un telefilme de la cadena Showtime que, tal como lo afirma el título, reinventaba el cuento de los hermanos Grimm en clave de historia de terror gótico, una tendencia muy probablemente animada por la notoriedad que en los noventa alcanzaron títulos como Drácula de Bram Stoker (Bram Stokers’s Dracula, 1992), Frankenstein de Mary Shelley (Mary Shelley’s Frankenstein, 1994) o incluso Entrevista con el vampiro (Interview with the Vampire, 1994). La fidelidad con la historia original es más bien poca, algo que está más que compensado con la forma en que la película toma decisiones arriesgadas en cuanto a la forma como tradicionalmente se ha tratado este cuento. Entre dichas decisiones está la banda de forajidos que sustituye a los siete enanos, la ruptura de la clásica historia de amor al hacer que Blancanieves se prende de uno de los bandoleros dejando a un lado al príncipe, y sobre todo la mayor atención que se presta a la reina malvada, quien es la verdadera protagonista de la historia. La reina es el personaje más complejo de la película, la que tiene la evolución más pronunciada y sobre todo la que cuenta con la mejor interpretación gracias a una soberbia Sigourney Weaver en el papel. El tema de la magia negra está muy bien desarrollado también y contiene alusiones bastante fuertes al incesto y el canibalismo que no desentonan con la crueldad del cuento original. De las tres versiones que mencionamos hoy, esta es probablemente la mejor con todo y las limitaciones impuestas por su formato televisivo. 
La segunda versión es Mirror, Mirror (2012), una producción de este año dirigida por Tarsem Singh, un director de origen indio famoso por la grandiosidad visual que imprime a sus obras y que en el pasado ha hecho subir varios enteros a películas que normalmente no pasarían de ser meros sub-productos. Con un tono diametralmente opuesto al ejemplo anterior, la película de Singh muestra la historia de Blancanieves como una simpática e inofensiva comedia de fantasía no muy diferente a lo que en su momento fue la cinta de Rob Reiner La princesa prometida (The Princess Bride, 1987). En esta ocasión la película también resta importancia a Blancanieves para hacer mayor hincapié en su malvada madrastra, interpretada aquí por Julia Roberts, quien borda el papel al mostrar a la reina como un personaje malvado pero lleno de picardía y con un sentido del ridículo admirable. Tiene mérito que diga esto porque la Roberts nunca ha sido una actriz que me caiga particularmente bien, pero aquí reconozco que está fenomenal y logra dar con el tono preciso en una cinta que se muestra en todo momento luminosa y ligera sin llegar a ser condescendiente con el público. Es quizás el único ejemplo reciente que puedo encontrar de lo que en otro momento se conocía como “cine familiar”, algo destacable en una época en que las películas para niños y las películas para adultos parecen estar cada vez más diferenciadas. De las tres versiones es quizás la menos ambiciosa y la estética grandilocuente de Tarsem Singh le da un aspecto artificial como si fuese una obra de teatro filmada, pero aún así es muy recomendable dentro de su ligereza y candidez (únicamente la representación del espejo mágico y el espíritu que dentro de él habita otorga un punto tenebroso a la película). Aparte de eso tiene la que sin duda es la más guapa de las tres Blancanieves aquí mencionadas.
La última y más reciente de estas tres versiones es Blancanieves y la leyenda del cazador (Snow White and the Huntsman, 2012), también de este año y anunciada y anticipada desde hace ya un tiempo. De las tres es quizás la más ambiciosa comercialmente hablando, y aunque no es lo que se dice una mala película, sí es aquella en la que sus carencias se hacen más evidentes. Agradezco sin duda alguna el que intente hacer con la historia algo distinto al convertir el cuento de Blancanieves en una épica de fantasía al estilo de El señor de los anillos (influencia que se hace más que obvia a lo largo del metraje) y muestra sin duda grandes aciertos de estética que la acercan a otras películas de aventuras un tanto oscuras como Willow (1988), de Ron Howard, pero en ocasiones es demasiado solemne y gran parte de su material está tomado con una seriedad tan exagerada que la adentra en los terrenos de la comedia involuntaria. Parte de este fallo viene dado por un guión bastante caótico y un poco efectivo elenco en el que destaca una sorprendentemente nefasta actuación por parte de Charlize Theron como la reina malvada. Los protagonistas no es que estén mucho mejor, con una Kristine Stewart bastante fría y Chris Hemsworth haciendo lo que puede con un personaje totalmente prescindible para la película (lo digo en el sentido más literal: a pesar de estar en el título, el cazador realmente no aporta nada al argumento y podría perfectamente haber estado ausente). La película tiene sin duda sus aciertos en todo lo que concierne a las artes de magia negra de la reina y su recreación visual, pero sufre con su descafeinada y sobre todo inconclusa historia de amor y un regodeo un tanto morboso en el imaginario cristiano que convierte a Blancanieves en una especie de santa virgen completamente fría e inaccesible más que como símbolo para fanáticos religiosos. Esta idea está claramente evidenciada en el tramo final de la película y choca de forma frontal con el eco-paganismo mágico de la que sin duda es la mejor escena de la cinta: una visita a un bosque mágico que no es sino un plagio de La princesa Mononoke (Mononoke-hime, 1997). No tengo nada en contra de esto (de hecho, si vas a plagiar algo mejor que sea algo bueno) pero no hace sino demostrar que el guión es en gran medida un batiburrillo de grandes éxitos fantásticos que han funcionado en el pasado, hasta el punto en que deja de lado incluso el propio cuento de Blancanieves; no deja de ser significativo que esta es la única versión del cuento (hasta donde sé) en la que el espejo mágico no tiene un papel importante. Hay una escena en la que tiene relevancia, por supuesto, pero sospecho que está allí más bien por compromiso ya que la película deja bien claro que el espejo no es la fuente de los poderes de la reina.

De forma que esas son mis impresiones de estos tres ejemplos de Blancanieves que he visto recientemente. De las tres, recomendaría sobre todo la primera, pero las tres versiones son tan diferentes que pueden ser disfrutadas cada una por lo que és. Una cosa que las tres tienen en común y que me llamó la atención, sin embargo, es la presencia de una subtrama que pone a Blancanieves encabezando una lucha armada contra la reina, lo que por fortuna habla de una revisión de los cánones clásicos por parte de la narrativa actual. En todo lo demás, cada versión es lo suficientemente distinta para hallar cada una su propio público.