La hija de la española

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Si algo me queda claro tras leer otras opiniones es que lo que más dificulta una lectura sincera de La hija de la española es su condición de fenómeno editorial. Esto es así porque hay varios elementos de esta novela que parecen estar siendo aprovechados para hacer de ella una especie de obra testimonial acerca de los horrores de la Venezuela chavista, cosa que en mi opinión es limitarla un poco y a la vez sobredimensionarla. Lo cierto es que se trata de una crónica muy personal e intimista que pone el foco en una realidad muy específica como es la del exilio de una generación de venezolanos desvinculados de su identidad precisamente por ser descendientes, a su vez, de inmigrantes que en su día hicieron el mismo viaje en sentido contrario. Es alrededor de esta idea que giran las principales señas del libro, algo presente sin duda en su premisa de suplantación de identidad, pero también en prácticamente todas las etapas de la vida de su protagonista. Es algo incluso visible a nivel metaliterario: el ambiguo vocabulario venezolano/español, las referencias culturales empleadas y, sobre todo, la decisión consciente de su autora de no llamar por su nombre a los protagonistas políticos reales de su historia a pesar de que en ningún momento se nos oculta que es en la Venezuela actual donde está teniendo lugar el argumento.

Mentes más cínicas que yo podrán pensar que estos detalles están allí no por una voluntad literaria sino más bien como una estratagema de markenting para lograr la empatía de un público más universal, y quizás tengan razón, pero por mi parte son precisamente esas decisiones las que le dan unidad temática a una novela muy bien construida que sabe a dónde quiere llegar y para ello hila ese discurso de crónica política visto a través de una huida personal y una ambientación que parece sacada de una distopía post-apocalíptica. Como novela es muy sencilla; es más corta de lo que parece, los capítulos son muy breves, ocurren pocas cosas y muestra una estructura narrativa muy básica que hemos visto ya en muchas ocasiones, pero es mucho más efectiva de lo que estaba dispuesto a concederle y pienso que con el tiempo ganará como una de las obras representativas de la pérdida de un páis, o al menos de la idea de un páis que quizás existía sólo en la mente de los que lo dejaron, pero que no por eso es menos real.

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