La historia interminable (Michael Ende, 1979)

En Europa es distinto, pero creo que en América gran parte de la fama de La historia interminable reside en la popularidad que llegó a alcanzar la película de Wolfgang Petersen de 1984. Sabiendo esto, es lógico que los seguidores de la novela lamenten una adaptación superficial que sólo recrea la primera mitad del libro y rebaja en general aquellos elementos más surrealistas de la propuesta de Michael Ende. De todas formas este debate es estéril y bienvenida sea la película si más allá del componente nostálgico consigue que más personas se acerquen a la que probablemente sea la novela más ambiciosa de su autor y un acercamiento distinto al hecho fantástico en el que la imaginación está por encima de la épica, y el heroísmo termina siendo un viaje interior. Además está el nada trivial juego de realidad/ficción que su autor acomete con el texto en dos colores, dualidad que además está presente a través de guiños en varios momentos de la historia. Es un libro muy complejo que despierta emociones encontradas precisamente por la ambigüedad de su protagonista, su tono melancólico y su apuesta por una historia infantil madura que no teme mostrar a los niños el lado más horrible de vivir atrapado por tus propias fantasías. Esto es algo que la película no consigue y hace que la novela sea tan necesaria, por duras que parezcan las palabras de un autor que nunca se resignó a que la adaptación creara un imaginario tan arraigado en nosotros. 

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